sábado, 11 de octubre de 2008

La SCD y su definición de cultura

Ha sido una semana muy ocupada. Entre el armar XIV junto con la Chechi, el que esperamos se convierta en uno de los oekaki más divertidos y locos del mundo, y las tareas de la universidad y mi resfrío + alergia primaveral que no quiere pasarse, no había tenido tiempo de vagar mucho por los blogs, ni de hacer muchas obras de arte, pese a que uno de mis amigos por tan sólo darle un poco de apoyo, en agradecimiento me pagó una suscripción de un año. No; ni siquiera tuve tiempo de escribir la segunda parte de mi artículo sobre openSUSE 11. Tenía pensado hacerlo ahora. Pero aquella segunda parte puede esperar.

El año pasado, cuando se supo que la SCD quería gravar los discos y medios de almacenamiento con un arancel -canon-, al más puro estilo español, me indigné. Sin embargo, mi expresión o mi molestia no fueron bien expresadas, quizás. Tengan en cuenta que hace un año (sí, fue hace un año atrás) mi capacidad de redacción no era ni la mitad de lo que es ahora. Por otro lado, hubo silencio. Supuse que la conversación, discusión o lo que fuese, quedó en un punto muerto. Sin embargo, lo que supe ayer no sólo me sorprendió; me puso furioso, a tal punto que ya no lo voy a dejar pasar.

Para los no entendidos, la SCD es la Sociedad Chilena de Derecho de Autor. Diríamos que es lo mismo que son la SGAE en España o la RIAA en Estados Unidos. Es una entidad de gestión cuya función es la de proteger los derechos de los artistas y de darles una retribución por su trabajo. Entre otras cosas, la entidad de gestión es la encargada de cobrar dinero cuando un artista es reproducido en cualquier parte, desde en un mall hasta en la radio. En un mundo perfecto, esto significaría que los artistas se registran en la entidad de gestión, el artista se preocupa de actuar, la entidad se encarga de retribuirle al artista por las regalías de su actuación sacando un pequeño monto para ellos mismos, y todos felices.

Lamentablemente, el mundo no es perfecto. Hoy en día, la entidad de gestión se queda con la mayor parte de las ganancias y los artistas reciben una miseria. Para colmo, los precios que se cobran por los derechos no son pocos. De hecho, ni siquiera cuando compras un disco tienes derechos sobre él; en teoría, ni siquiera tienes derecho a oírlo. Pero bueno, esa discusión ya es pasada y se puede averiguar mucho más en Internet. Recomiendo ojear páginas de pendejos electrónicos.

Chile es un paraíso de la piratería, y eso no es ignorado por nadie. Basta darse una vuelta rápida por cualquier feria persa o feria libre, y entenderán a lo que me refiero. Y para qué negarlo; tener toda la discografía de Green Day por $1.000 es algo bastante tentador, sobretodo teniendo en cuenta que cada disco vendido por sí solo cuesta $7.500 aproximadamente. Y Green Day tiene 8 discos, sin contar el Shenanigans, que encontré de casualidad en internet y que no sé si es disco real. Sacando un cálculo simple, se puede ver por qué la piratería pega duro. Incluso si en esa "discografía" faltan un disco o dos. Por ello, se entiende que las discográficas pataleen contra la piratería; se están perdiendo un billetito inmenso.

Peeeeero...

Una cosa es criticar a la piratería. Incluso intentar tomar medidas. Otra es que quieran destruir lo poco que queda de cultura libre en nuestro país. Y eso es justamente lo que la SCD logrará con un acuerdo firmado con nuestro admirable y nunca suficientemente alabado gobierno.

No voy a ponerme a desglosar el documento completo; no me corresponde. Además de ya estar hecho, y de que tan sólo tengo un año de derecho que casi terminé y no más, la mayoría de mis lectores, tanto de aquí de mi blog como de mi cuenta en DeviantArt, pertenecen a otros lados del mundo, aunque seamos vecinos. Lo que pretendo es darles a conocer un par de puntos sobre el hermoso panorama cultural en el que nuestro país se verá inmerso... y para que se hagan una idea de lo que podrían a llegar a tener ustedes en países como los suyos, si es que a algún cerebrito se le ocurriese la idea de emularnos.


1. Chile no tiene Fair Use. Así de sencillo. ¿Quieres hacer una parodia? Págale al artista. ¿Quieres mostrarle a un amigo una canción genial? Págale primero al artista.

No sólo se aplicará a las obras musicales. ¿Alguien recuerda cuando el profe nos daba guías de texto con páginas fotocopiadas de libros? ¿Alguien alguna vez ha fotocopiado libros -o páginas de libros- para la universidad?

Hazlo y te arriesgas a multas, porque será ilegal. Si a esto se le suma el punto siguiente, tenemos una combinación letal.

2. No a la presunción de inocencia. Pongo un ejemplo. Si yo digo que tú me robaste una figura de porcelana cuando fuiste a mi casa, tengo que comprobarle al tribunal que esa figura de porcelana es mía, y tengo que probar que tú me la robaste. ¿Suena lógico?

Bueno, para la SCD, este principio lógico desaparece. Quedamos en el mismo estado que Estados Unidos, en el cual la RIAA mete demandas contra quien se le de la gana -incluidos niños de 12 años- y nadie podrá impedirlo. La SCD meterá demandas a diestro y siniestro, sin necesidad de probar realmente que estamos utilizando las obras en algo ilegal. Unamos esto al próximo punto, ¿vale?

3. No hay excepciones de ningún tipo. Sí, podría haber puesto esto con lo del Fair Use, pero creo que esto amerita algo distinto.

Miren, si revisan sus CD originales se prohíbe su reproducción o copia de cualquier tipo. Sea cual sea, independiente si es para uso netamente personal o no. Simplemente, no se puede copiar.

Sumémosle a esto el hecho que aquí en Chile no es tan fácil comprar MP3 -Estoy pensando en iTunes-, tu reproductor se vuelve basura. O no, te sirve para transportar programas y datos, pero ¡Pobre de ti si va con música! De hecho, anda pensando en botar esos audífonos.

Si alguna vez grabaste a tu hermana en su boda, a tu hijo bailando algo que sonaba en la radio, a tu señora tarareando a Marco Antonio Solís, o a tu vieja haciéndole un striptease a tu viejo mientras ellos te creían dormido, anda pensando en desembolsar plata, que la música de fondo hay que pagarla.

4. Mediación previa. Cito directamente a Francotirador, que lo explica en forma muchísimo más sencilla de lo que yo soy capaz.

"Quizá usted piense que la SCD es una organización caritativa que lucha por llevar un mendrugo de pan a la boca de los músicos, pero no se engañe. Aunque no lo crea, actualmente la Sociedad del Derecho de Autor tiene el monopolio de la representación de los artistas y ella fija -a su entero antojo- cuánto cobra a radios, productoras, locales y otros por usar sus canciones.

(Y créanme, no es nada barato).

La nueva LPI pretendía crear un sistema de arbitraje donde un árbitro-arbitrador dirimiera un precio justo en caso de desacuerdo, dando mejores oportunidades a los pequeños empresarios. Gracias al acuerdo secreto esto se desechó, estableciendo como última instancia nada menos que la diligencia de… los Tribunales de Justicia."

Díganme ahora, ¿Quién tiene a los mejores abogados? Dudo mucho que el pequeño empresario o el pequeño grupo curso que se juntó después de varios años a pasar una buena velada al amparo de un poco de música bailable. En otras palabras, si le pones música a un grupo de amigos, anda preparando un poco de vaselina.


5. El Internet es el culpable. Por tanto, los proveedores de servicios de Internet deberán pagar.

La lógica es muy simple. Si tienes internet, entonces, obviamente, estás pirateando con el servicio. Como no se te puede cobrar directamente a ti, entonces, se le cobra a tu proveedor de servicios de Internet.

¿Creen que las empresas proveedoras van a asumir el monto?

¡Ni cagando! Cualquiera con una mínima capacidad de razonamiento económico se dará cuenta de inmediato que quienes van a pagar más son los clientes. Si ya tenemos aquí en Chile que pagar $10.000 mensuales por un Internet de 128 Kbps*, siendo el sueldo mínimo de $144.000, (algo que muchísimas familias reciben... en un país donde hoy en día un almuerzo diario para 4 personas sale como US$8, si es que no más), y este costo sin contar lo que salen el costo de la electricidad y el agua, se pueden imaginar lo nefasto que será.

* Por cierto, conseguir Internet a $10.000 es virtualmente imposible aquí en Chile. Si contratas Internet, las empresas te obligan a contratar televisión por cable y teléfono de red fija, lo que hace que los paquetes más económicos salgan $25.000, unos 50 dólares.

Ahora, haciendo un brevísimo recuento:

  • No se puede copiar nada

  • No existe el uso legítimo

  • Se elimina la presunción de inocencia

  • Si no quieres aceptar los precios que te pone la SCD, contrata un abogado muy bueno.

  • El costo de Internet subirá

Si a esto le sumamos le hecho que el acuerdo este fue hecho en secreto, con total desconocimiento hacia la ciudadanía, y más encima citando a entes contrarios a la SCD y fingiendo con ellos que habría algún acuerdo... "Curioso concepto de hacer diálogo: conversemos para aunar criterios… pero la decisión la tomé por secretaría."

Así no se puede. A protestar se ha dicho.

Fuentes:

El Francotirador (Con una participación especial de Claudio Narea, ex integrante de Los Prisioneros, en los comentarios), Aprobación a la nueva Ley de Propiedad Intelectual de Chile, Cuadro con los puntos más importanted del Acuerdo (en PDF), Liberación Digital, ONG Derechos Digitales, Quemar Las Naves.

Y si quieren leer e informarse, he aquí los documentos.

domingo, 5 de octubre de 2008

openSUSE 11: Una distro interesante [Parte 1]

Hola, mis queridos. ¿Me extrañaban?
Bueno, no sé, pero da igual. Estas últimas semanas la universidad me ha comido muchísimo tiempo, y no había podido sentarme a escribir un artículo sobre un sistema operativo que conseguí aproximadamente un mes después que salió, y que no había tenido tiempo de probar. Sin embargo, lo hice.

Hablo de OpenSUSE 11.

Estando disponible ya la versión estable el 20 de junio, nunca pesqué mucho esta distro porque me habían dicho que era inestable, y que el sistema para instalar programas era muy complicado. Sin embargo, poniendo en perspectiva el hecho de que la última versión de Ubuntu me decepcionó, que Mint no andaba como yo quisiera en esta laptop con poca RAM, y que no me gustó XFCE cuando lo probé con Xubuntu- me llegó a parecer incluso una versión mutilada de Gnome- andaba con ganas de probar otra distro.

Como por la universidad necesito Windows, me bajé también, y a mi laptop diseñada para Windows XP le estoy corriendo Windows 2000. xD

Decidí dejar la misma configuración de particionado que tenía planeada: Una partición para Windows, otra para Linux y el resto como una unidad en común para ambos sistemas. Y gracias a un amigo que se paleteó, tuve en mis manos la instalación de OpenSUSE 11 en DVD. Vamos a probarla.

Instalación

Partiendo por el hecho que el DVD que me pasaron no era Live, sino un DVD de instalación, supuse de inmediato que eso le haría bien a mi laptop. Mi drama con los Live es justamente la escasa RAM y con un disco dedicado sólo al instalador, el sistema iba a volar. Puse el DVD en la unidad y lo primero que noté fue que, al igual que Ubuntu 8, podía instalar el sistema desde Windows. Sin embargo, decidí pasar de largo y usar el método clásico. Reinicié.

Una vez cargado el instalador, hizo las típicas preguntas de turno. Idioma, teclado, zona horaria, etc. La primera diferencia enorme respecto al instalador de Ubuntu fue la elección de escritorio. En efecto, podía elegir entre GNOME, KDE, KDE4 o XFCE. Acepté mi favorito, GNOME. Después llegó la sección en la que tuve que tener muchísimo cuidado: la del particionado. El programa quería que redujera la partición de Windows al mínimo absoluto posible, y que le dejase todo el resto a openSUSE. Por supuesto, no era esto lo que yo quería, así que tuve que proceder a modificar manualmente las particiones del disco... situación no exenta de riesgo y que no se lo recomiendo a nadie que no tenga algo de conocimientos sobre discos duros.

Una vez hecho el paso, pregunta por, quizás, la información más importante: El nombre de usuario y la contraseña. El instalador me molestó porque mi password era muy corta. Después me molestó porque mi password contenía mi username. Después me molestó porque no era muy fuerte. Buenas medidas de seguridad, debo decir. Cuando acepté, me ofreció un resumen de lo que se ejecutaría. He aquí algo muy interesante que quiero notar.

El DVD de openSUSE está LLENO de software utilísimo, pero en la instalación básica no se mete ni la cuarta parte del contenido. Si es primera vez que pruebas una distro de Linux, posiblemente sea buena idea aceptar el software por defecto. Pero si no es primera vez, o si quieres meterle todo el software posible a tu PC, tan sólo haz clic en el botón de "Cambiar..." y en Software. Ahí podrás revisar y meterle software al por mayor a tu tarro. Por cierto, al no ser que vayas a usar tu PC como un server dedicado, no te recomiendo activar esta categoría.

Una vez hecho todo lo necesario, es tan sólo cosa de aceptar y dejar al instalador correr. Semejante al instalador de Windows, te aparece una presentación explicándote algunas bondades del sistema. Sin embargo, puedes cambiar eso por información más útil como los paquetes siendo instalados o datos sobre la versión, tan sólo clickeando sobre las pestañas correspondientes.

Cuando el instalador termina, a diferencia de otras instalaciones, no te reinicia el PC. Te detecta el hardware ahora en serio, no es una pasada rápida como al iniciar la instalación. Es de agradecer el detalle del mensaje "No entre en pánico" cuando se pasa al modo consola por un momento. Es excelente para gente como yo que ha sufrido intentando configurar tarjetas gráficas rebeldes. Una vez hecho, el sistema se inicia inmediatamente, y te ves en el escritorio (después de una pantalla de bienvenida).

Después de moverte un poco, ves el típico menú de inicio que muchas distros han ido implementando. Me resultó algo molesto, pero lo solucioné fácil creando otra barra de herramientas en la parte superior de la pantalla y poniéndole los menús y accesos directos que me gustan. Como último paso, reinicié el PC para asegurarme que todo estuviese yendo bien.

Primer uso

Partiendo por el hecho de que aunque los tonos verdes de la distro me gustaban, el tema por defecto no, me tomé la molestia de cambiarlo y de mirar un poco. Los wallpapers que trae por defecto son pocos pero buenos, aunque se peca de monotonía al presentar los mismos tonos en casi todos (excepto en un par). Sin embargo, si al instalar activas los wallpapers extra, te encontrarás con wallpapers al por mayor, de una calidad impresionante y con los que fácilmente podrás sacarle pica a tus amigos (o regalárselos a la gente que te caiga bien).

El software instalado era lo que se podía esperar. Trae la última beta de Firefox 3 antes de la versión definitiva. Aunque me detectó el controlador inalámbrico y las redes cerca, nunca pude conectarme; aunque metía la password (WEP) correcta, nunca logueó. Sin embargo, no se lo achacaré al sistema, porque Edubuntu 7.10, Mint Daryna y Ubuntu 8 nunca pudieron, tampoco. De hecho, la única distro de Linux con la que he podido navegar usando mi adaptador inalámbrico, un Ralink RT2500, fue Kubuntu 6.06.

Fue especialmente agradable ver entre el software al Gimp y a Inkscape. No sólo eso; en el apartado multimedia tenía varios programas útiles, incluido un ripeador de CDs.

Debo decir que uno de mis mayores temores al cambiarme desde una distro Ubuntu-based fue que me vería enfrentado a líos al instalar programas. Y si bien Yast hace un buen trabajo, sí lo es en el sentido en que no te puedes llevar fácilmente los paquetes descargados por YaST. O al menos con un compañero fuimos tan idiotas que no pudimos encontrarles, a diferencia de cuando usábamos apt-get, que encontrábamos los paquetes en /var/cache/apt/archives. openSUSE, al igual que RedHat, usa paquetes en formatos RPM.

Por otro lado, yo sé que mi tarjeta gráfica es enemiga de Linux. Tengo una Via S3/Unichrome. Sin embargo, una cosa es ser algo incompatible, y la otra es cagarse el sistema completo. Me refiero a que si yo toco o miro cualquier opción o juego que toque el OpenGL, se me malogra el sistema operativo completo. Lo pude comprobar. Hice un backup del archivo xorg.conf cuando todo corría excelente, y por el puro hecho de tocar algo de OpenGL, volví al modo texto. Reinicié el PC y nunca más abrió: Cuando cargaba, se pegaba y volvía al modo texto. Probé a restaurar el xorg.conf bueno, y nada.

Formateé y reinstalé y el resultado fue exactamente el mismo con otro programa que tocó openGL. Entonces, en mi tercer formateo y reinstalación, decidí prestar atención, y cuando fui a elegir el software, eliminé cualquier configurador gráfico que me fuese a tocar openGL.

Ahora, otra cosa que no me gustó fue el hecho que la última versión de Gnome me mataba el poco tarro que tengo. Sí, yo sé que 192 MB de RAM no son precisamente abundantes. Pero de ahí a que el sistema me anduviese tan lento... no lo justificaba. Sin embargo, no quería instalar XFCE. ¿Por qué? Creo que ya lo comenté antes, pero fue porque cuando tuve la oportunidad de usar Xubuntu antes, XFCE me pareció nada más que una versión muy mutilada de Gnome, plagada de errores.

Sin embargo, por la lentitud del PC, decidí hacer una última prueba, ya que en eso estaba. Le realicé un último formateo y reinstalación al sistema, y cuando estaba instalando el sistema, elegí como escritorio XFCE. Le di al software definitivo, porque quería que openSUSE se quedara en mi laptop por algo más que 3 días.

El sistema se instaló sin problemas. No reinició, como comenté, y me encontré con la sorpresa que la pantalla de login era distinta. Logueé, y llegué al escritorio de XFCE.

El cómo me fue con este escritorio, los bugs que le hallé, las alegrías y rabias que me dio, en la próxima entrega.