miércoles, 8 de agosto de 2007

Los años de gato

Este texto lo encontré en un Selecciones del Reader's Digest en inglés de Septiembre de 1997. Dice que la sacaron del San Francisco Chronicle, y no sé qué tan restringida sea la licencia de eso, porque me fue imposible encontrarlo. Pese a todo, traduzco el artículo al español, para disfrute de muchos, porque a más de alguien esto le va a tocar profundo y ¿Quién sabe? Quizás sirva para mejorar alguna relación, aunque tengan ojo con su redistribución, y si Selecciones se contacta conmigo y me pide que lo remueva, lo haré.

"Me di cuenta que los niños, son perros -leales y afectivos- y los adolescentes son gatos. Es muy fácil ser el dueño de un perro. Lo alimentas, lo entrenas, lo dominas. Pone su cabeza en tu rodilla y te mira como si fueses una pintura del Renacimiento, y entra con entusiasmo cuando le llamas.

Entonces, por ahí por los 13, tu adorado pequeño cachorro se convierte en un gran gato viejo. Cuando le dices que venga, se ve sorprendido, como si se preguntase quién murió y te hizo su emperador. En vez de seguir tus pasos, desaparece. No le verás de nuevo hasta que tenga hambre- entonces examinará el largo de la cocina para girar su nariz hacia lo que sea que estés sirviendo. Cuando te acerces a acariciar su cabeza, se apartará de ti, entonces te mirará con los ojos blancos, como si intentase recordar dónde te ha visto antes.

Tú, sin darte cuenta que el perro ahora es un gato, piensas que algo debe estar desesperadamente mal con él. Se ve tan antisocial, tan distante, como si estuviese depresivo. No participa de los paseos familiares.

Como desde de que empezaste a criarle le enseñaste a agacharse y quedarse quieto, y sentarse si se lo mandan, asumes que algo hiciste mal. Inundada de culpabilidad y temor, redoblas tus esfuerzos para hacer que tu mascota se comporte.

Sólo ahora te das cuenta que estás luchando con un gato, por lo que todo lo que funcionaba antes ahora produce el efecto contrario al deseado. Llámale y se irá. Dile que se siente y saltará. Entre más vayas hacia él, acercándole tu mano, más se apartará.

En vez de seguir actuando como la dueña de un perro, puedes aprender a comportarte como la dueña de un gato. Ponle un plato de comida cerca de la puerta, y déjalo venir a ti. Pero recuerda que un gato necesita tu ayuda y afecto también. Siéntate derecha, y vendrá, buscando esa calidez, ese confortable regazo que aún no ha olvidad completamente. Estate ahí para abrirle la puerta.

Un día, tu niño crecido caminará hacia la cocina, te dará un gran beso y dirá "Has estado levantada todo el día. Déjame lavar esos platos por ti". Entonces te darás cuenta que tu gato es un perro de nuevo."


Muy lindo el texto. Con esto se puede comprobar que, independiente de su excesivo conservadurismo (aunque no tan extremista como Shelley xD), la revista Selecciones tiene cosas muy buenas. Sobretodo si es un número antiguo. Por cierto, hace poco más de un año tuve en mis manos (pero no podía comprarla en ese momento, qué rabia) en la feria de las pulgas de Iquique (también conocido como "Terminal Agropecuario") un selecciones de Septiembre de 1949. ¡Cuéntenme ustedes sobre su Selecciones más antiguo!

PD: Ya se inició el concurso "Santiago en 100 Palabras". En el próximo post hablo sobre él ;)
--Imagen del gato sacada de pbase.com.--

2 comentarios:

Deses dijo...

Shelley habría dicho que le des una paliza al gato para que vuelva a ser un perro.

Hanami dijo...

Vaya, nunca había visto la adolescencia de ese modo, pero la verdad es que acierta de pleno :D

Lo malo es que hay gente que nunca ha tenido gatos, ni se han preocupado de saber cómo son estos animales porque nunca se han planteado tener uno de mascota... con lo cual lo mismo les iba a dar saber que su hijo/a se ha vuelto gato, no iban a saber tratarlo...